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lunes, 13 de agosto de 2018

Los Dogmas de la Iglesia Católica (Colaboración)




Nota Inicial:
La presente publicación fue escrita y elaborada por un colaborador y amable lector de este Blog. Este artículo NO fue escrito por el habitual escritor y responsable de este sitio Noé Molina. (*)



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Los dogmas de la iglesia católica


"Cuando la Iglesia Católica pida realmente perdón a la humanidad por siglos de guerras, destrucción, asesinatos, torturas, terror, injusticias, intolerancia, despotismo, hipocresía, mentiras y oscurantismo, cuando la humanidad consienta en perdonarla, cuando se desantifique a los Papas asesinos que hoy gozan de su veneración en los sarcófagos del subsuelo vaticano, recién entonces sus pastores tendrán cierta autoridad moral para hablar y predicar la tolerancia, el respeto a la vida y la paz"

A.C.



Definición de dogma teológico o religioso

El dogma es un punto esencial de una religión, una doctrina o un sistema de pensamiento que se tiene por cierto y que no puede ponerse en duda dentro de su sistema. Es un postulado que se valora por su condición de firme y verídico y al cual se reconoce como una afirmación irrefutable frente a la cual no hay espacio para réplicas. El término proviene del griego y su significado es doctrina u opinión fijada. Para el cristianismo y otras religiones abrahámicas, el dogma es un dictamen de Dios que ha sido revelado a la humanidad por Jesucristo y que cuenta con el respaldo de la Iglesia.

En su origen, el concepto de dogma estaba vinculado a una norma, regla o decreto impuesto por alguna autoridad. También se utilizaba para referirse a la opinión propia de una escuela filosófica. Sin embargo, a medida que la Iglesia ganó autoridad el término quedó asociado de forma directa a la idea de dogma teológico. De este modo, aquellos filósofos que no fueran críticos con ciertos conceptos relacionados con los orígenes, y que aceptaran ciegamente las determinaciones eclesiásticas, recibían el apelativo de dogmáticos; en contraposición a ellos, los filósofos inquisitivos y críticos eran considerados escépticos.

El dogmatismo vinculado a las ideas eclesiásticas presupone confianza doctrinaria (se acepta la verdad absoluta sin buscar pruebas de la misma pues se confía en la doctrina) y ausencia de reflexión crítica (se acepta la autoridad de una doctrina y con ello todo lo que en ella se proponga como absoluto). Una absoluta sumisión a una determinada creencia, que está en el origen de los fundamentalismos intelectuales tan presentes hoy día. Los dogmas religiosos establecen las bases de la teología: son un conjunto fundamental de creencias que definen determinada religión, y la distinguen de otras religiones. Por tanto, no son ideas sujetas al cambio ni al consenso.

En la Iglesia católica, un dogma es una verdad absoluta, definitiva, inmutable, infalible, irrevocable, incuestionable y absolutamente segura sobre la cual no puede flotar ninguna duda. Una vez proclamado solemnemente, ningún dogma puede ser derogado o negado, ni por el Papa ni por decisión conciliar. Por eso, los dogmas constituyen la base inalterable de la doctrina católica y cualquier católico está invitado a adherir, aceptar y creer en los dogmas de una manera irrevocable. La escolástica (corriente teológica y filosófica que se valió de la filosofía grecolatina clásica para comprender la revelación religiosa delcristianismo) distingue entre dogmas divinos, provenientes de Dios y enseñados directamente por Jesús, apostólicos, enseñados por los apóstoles, o eclesiásticos, instituidos por concilios o papas posteriores.


Los dogmas de la iglesia católica

Todas y cada una de las frases del Credo de los Apóstoles (o símbolo niceno-constantinopolitano) son dogmas y artículos de fe para los católicos. En él están resumidos los principales dogmas:

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor. Fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo y nació de María la Virgen. Padeció bajo el poder de Poncio Pilato. Fue crucificado, muerto y sepultado. Descendió a los infiernos. Al tercer día resucitó de entre los muertos. Subió a los cielos, y está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

(Aclarando y resumiendo: creencia monoteísta en un solo Dios en tres personas distintas, el Padre creador del Universo, el Hijo redentor del mundo y el Espíritu Santo (dogma trinitario), virginidad de María, Jesucristo resucitado, existencia de infierno y cielo, juicio final, resurrección de los muertos y vida eterna)


Resumiendo los principales dogmas

1. Dogmas sobre dios
- dios existe, es único y eterno
- en dios hay tres personas: dios padre, hijo y espíritu santo (la Santísima Trinidad) y cada una de ellas posee la misma esencia divina.

2. Dogmas sobre Jesucristo
- es el hijo de dios
- posee dos naturalezas (divina y humana) que no se transforman ni se mezclan
- nos rescató y reconcilió con dios por medio del sacrificio de su muerte en la cruz
- resucitó al tercer día de entre los muertos
- subió en cuerpo y alma a los cielos y está sentado a la diestra de dios padre.

3. Dogmas sobre la creación del mundo
- todo lo que existe fue creado por dios a partir de la nada 
- dios conserva en la existencia a todas las cosas creadas.

4. Dogmas sobre el ser humano
- el hombre está formado por cuerpo material y alma espiritual
- el pecado de Adán y Eva se propaga a todos sus descendientes.

5. Dogmas marianos
- inmaculada concepción de María, libre de toda mancha original
- virginidad perpetua de María (antes, durante y después)
- María es la madre de dios
- María ascendió en cuerpo y alma a los cielos.

6. Dogmas sobre el Papa y la Iglesia
- la Iglesia fue fundada por Jesucristo
- Jesucristo nombró al apóstol Pedro como primer primado de su Iglesia
- el Pontífice Romano es el sucesor de Pedro y tiene el primado sobre todo el rebaño
- el Papa posee el pleno y supremo poder de jurisdicción sobre toda Iglesia, no solamente en cosas de fe y costumbres, sino también en la disciplina y gobierno de la Iglesia
- el Papa es infalible siempre que se pronuncia ex cathedra. La razón de la infalibilidad es la asistencia sobrenatural del Espíritu Santo, que preserva al supremo maestro de la Iglesia de todo error. La consecuencia de la infalibilidad es que las definiciones ex cátedra de los Papas son por sí mismas irreformables, sin posible intervención ulterior de cualquier autoridad.
- la Iglesia es infalible cuando hace una definición en materia de fe y costumbres.

7. Dogmas sobre los sacramentos (signos sensibles y eficaces de la gracia de dios y mediante los            cuales se otorga la vida divina; es decir, ofrecen al creyente el ser hijo de dios)
- el bautismo es el primer sacramento instituido por Jesucristo y limpia del pecado original
- la confirmación concede a los bautizados la fortaleza del Espíritu Santo para que se consoliden interiormente en su vida sobrenatural y confiesen exteriormente con valentía su fe
- la confesión (secreta) es necesaria para la salvación y los sacerdotes recibieron de Cristo el poder de perdonar los pecados cometidos después del bautismo
- la eucaristía (comunión) permite recibir la carne y la sangre de Jesucristo para obtener la vida eterna. Es imprescindible, previo a ella, haber cumplido con el sacramento de la confesión. Cristo está presente en el sacramento por la transubstanciación de toda la sustancia del pan en su cuerpo y toda la sustancia del vino en su sangre 
- la extremaunción (unción con óleo sagrado de los enfermos terminales) fue instituida por Jesucristo y prepara al enfermo para un encuentro satisfactorio con dios
- el ordenamiento sacerdotal es un sacramento instituido por Cristo para establecer una jerarquía instituida por orden divino, que consta de Obispos, Presbíteros y Diáconos
- el matrimonio es instituido y bendecido por dios y es indisoluble.

8. Dogmas sobre las últimas cosas
- la muerte es consecuencia primitiva del pecado
- el cielo (paraíso): las almas de los justos que en el instante de la muerte se encuentran libres de toda culpa y pena de pecado entran en el cielo para toda la eternidad
- el infierno: es una posibilidad de castigo eterno debida a nuestra libertad, dios nos hizo libres para amarlo o para rechazarlo
- el purgatorio: las almas de los justos que en el instante de la muerte están cargadas de pecados veniales van al purgatorio. El purgatorio es un estado transitorio de purificación después del cual se asciende al cielo
- el fin del mundo y la segunda venida de Cristo
- la resurrección de los muertos en el último día
- el juicio universal: Cristo, después de su regreso, juzgará a todos los hombres.

El I Concilio Vaticano de 1870 proclamó como doctrina de fe que algunos dogmas no pueden ser comprendidos ni demostrados a partir de principios naturales y que, de surgir una contradicción entre la doctrina de la fe y la ciencia, el error sería imputable a la ciencia humana (notable! Tiene más valor algo indemostrable que las pruebas objetivas de la ciencia!)


Situación política, social y religiosa en el Imperio Romano del siglo IV dc

En el siglo IV el Imperio Romano sufrió una serie de calamitosas y dramáticas transformaciones, fruto de sus propias contradicciones internas. Crisis del modo de producción esclavista, propagación del colonato en su reemplazo, decadencia del ejército, sectarismo y luchas violentas entre cristianos, las primeras grandes invasiones bárbaras, revueltas palaciegas, entre otros factores, todo contribuyó a la pronunciada degradación del Imperio. Principales víctimas de la debacle fueron las provincias occidentales del Imperio, donde el modo de producción esclavista había echado raíces muy profundas. A la dificultad de aprovisionamiento se sumó el hecho que los esclavos eran malos trabajadores y su rendimiento sumamente bajo. Por doquier empezaron a surgir nuevas fuerzas, como los terrazgueros y los colonos.

Flavius Valerius Aurelius Constantinus (Constantino I el Grande), llego al poder en un momento en el cual el imperio romano se encontraba políticamente muy desestabilizado. Luego de la muerte de su padre Constancio Cloro, Constantino es aclamado por las tropas y es declarado Emperador. Algunas de sus reformas parecieron sacar al estado romano de su postración inicial, devolviéndole parte de la bonanza económica de antaño. Pero la persistencia del gasto público en niveles incompatibles con los ingresos, el uso irracional de los fondos del erario y la corrupción impidieron la consolidación del proyecto y de los cambios propuestos para hacer viable la administración del Imperio. En lugar de reducir las cuantiosas erogaciones del tesoro para equilibrar las cuentas públicas, la administración central procuró cerrar la ecuación elevando los impuestos (alguna similitud con el Uruguay de hoy?). Con ello facilitó, contra su voluntad, la concentración de la riqueza y el encumbramiento del latifundio en tanto que embrión de los futuros señores feudales. Las pesadas cargas fiscales, tolerables en otros tiempos, se tornaron ahora insoportables para un amplio segmento de la población. Muchos labradores propietarios de parcelas de bajo rinde, se vieron en la necesidad de vender sus tierras por no poder afrontar sus deudas con el fisco. Otros, en cambio, huyeron o acudieron en busca de la protección de un poderoso. En cualquier caso, los principales beneficiarios resultaron ser los grandes terratenientes, mientras el Imperio debió asistir a la sangría indefectible de su base de contribuyentes fiscales.

Constantino observa en el Dios cristiano la salida a sus problemas y empieza a creer en la doctrina impartida por sus asesores creyentes de esta nueva religión. Empezó a mostrar simpatía por el cristianismo mediante el Edicto de Milán del 313, por el cual dio a los cristianos la libertad para reunirse y practicar su culto sin miedo a sufrir persecuciones. Constantino era consciente de las numerosas divisiones que existían en el seno del cristianismo, por lo que, siguiendo la recomendación de un sínodo dirigido por Osio de Córdoba en el 323, decidió convocar un concilio ecuménico de obispos en la ciudad de Nicea, donde se encontraba el palacio imperial de verano. El propósito de este concilio era establecer la paz religiosa y construir la unidad de la Iglesia cristiana, aportando una ideología religiosa que unificara el Imperio. La actuación de este Emperador fue realmente revolucionaria al convertir una religión estatalmente perseguida en religión estatal. Esta inversión radical alumbró una nueva capa dominante, el clero, cortejado y obsequiado por Constantino como ningún otro grupo de intereses en el nuevo imperio. Debemos recordar que el creador del imperio universal cristiano era un genocida: mandó ahorcar a su suegro, estrangular a sus dos cuñados y ahogar a su mujer en el baño.


El Concilio de Nicea I (20 de mayo al 19 de junio del 325)

Se desarrolló en la ciudad de Nicea de Bitinia en el Imperio Romano. Esta ciudad hoy es llamada en turco İznik y forma parte de la provincia de Bursa en Turquía. Fue convocado por el emperador romano Constantino I y es considerado el primer concilio ecuménico por las Iglesias que se reconocen católicas y por algunas Iglesias protestantes.

Desde el punto de vista religioso, los cristianos se habían distanciado unos de otros y se condenaban mutuamente, agrupándose en una treintena de sectas enfrentadas entre sí. Cada secta intentaba imponer una doctrina propia sobre las demás y, por otra parte, todas estaban enemistadas con los judíos, generando una situación deplorable inédita en un contexto religioso de la antigüedad. Finalmente y gracias a Constantino y su Concilio de Nicea, la secta católica con sus dogmas sería la vencedora. El proyecto político de Constantino presuponía la unificación eclesiástica en función de sus necesidades personales e imperiales. Así, el emperador compró voluntades, apoyos y decretos conciliares favorables a sus intereses, mediante cuantiosas donaciones, por lo que los serviciales jerarcas de la iglesia católica empezaron a acumular riqueza y poder sin límites. Era necesario crear una "simbología" (dogma) que identificara plenamente a la iglesia católica, cosa que se hizo en el Concilio de Nicea. Así nacieron los principales dogmas católicos, resumidos en el Credo, impulsados por Constantino a quien el Concilio no podía negarle nada. Los clérigos que no firmaran el texto explicitando los "dogmas" serían desterrados por la autoridad imperial.

Se supone que el Concilio de Nicea fue dirigido por el obispo Osio de Córdoba de quien se cree que era uno de los legados del Papa. Constantino invitó a unos 1800 obispos cuyas sedes estaban dentro del Imperio romano (cerca de 1000 en el Oriente y 800 en la parte occidental del Imperio), pero a la cita solo acudieron, además del emperador, unos trescientos obispos. El Emperador lo abrió el 20 de mayo y ocupó la presi­dencia, corriendo con los gastos de los participantes.  Se presentó ante los obispos como un ángel de Dios descendiendo del cielo, res­plandeciente en sus brillantes vestiduras, deslumbrante de luz, con el ar­diente fulgor de la púrpura y adornado con el claro destello de oro y cos­tosas piedras preciosas. Aunque Constantino no dirigiera las sesiones -un problema sobre el que se ha discutido mucho-, lo que sí hizo fue determinar su cur­so y tomar las decisiones; para ello se aseguró de tener la mayoría, e in­cluso impuso las fórmulas decisorias, es decir, presentando las propuestas y haciéndolas después prevalecer.  

Los principales logros del concilio fueron la unificación de criterios sobre la naturaleza del Hijo de Dios y su relación con Dios Padre, la construcción de la primera parte del Símbolo niceno (primera doctrina cristiana uniforme) y el establecimiento del cumplimiento uniforme de la fecha de la Pascua. Otra resolución de ese concilio fue la prohibición a todos los miembros del clero de morar con cualquier mujer, excepto una madre, hermana o tía (Canon 3). Constantino se encargó de dar el marco físico y político al concilio, con el fin de evitar que los disensos dogmáticos (herejías) pudiesen desembocar de hecho en una fractura política del Imperio. Su papel fue crítico. Después de dos meses de enconado debate religioso, Constantino inclinó la balanza a favor de los que decían que Jesús era Dios. “Básicamente, Constantino no entendía nada de las preguntas que se hacían en teología griega”, se dice en A Short History of Christian Doctrine (Breve historia de la doctrina cristiana). Lo que sí entendía era que aquella división religiosa era una amenaza para su imperio, y él quería fortalecer su dominio.

Uno de los propósitos principales del concilio fue resolver los desacuerdos surgidos dentro de la Iglesia de Alejandría sobre la naturaleza del Hijo en su relación con el Padre (consubstancialidad): en particular, si el Hijo había sido "engendrado" por el Padre desde su propio ser, y por lo tanto "era divino" y no tenía principio, o bien creado de la nada, y por lo tanto "no era divino" y tenía un principio.  Alejandro de Alejandría y su discípulo y sucesor Atanasio de Alejandría tomaron la primera posición, mientras que el popular presbítero Arrio, de quien procede el término arrianismo, tomó la segunda. En aquellos momentos esa era la cuestión principal que dividía a los cristianos. Alejandro y Atanasio defendían que Jesús tenía una doble naturaleza, humana y divina, y que por tanto Cristo era verdadero Dios y verdadero hombre; en cambio, Arrio y el obispo Eusebio de Nicomedia afirmaban que Cristo había sido la primera creación de Dios antes del inicio de los tiempos, pero que, habiendo sido creado, no era Dios mismo, Dios y Jesús eran sustancia diferente, con lo que se negaba la divinidad de Cristo.

La Iglesia católica tiene una posición muy clara con respecto al dogma y es que las verdades divinas siempre han existido, sólo que cuando se tiene una duda, o una desviación doctrinal, es necesario reafirmar dicha verdad por medio de un dogma. Así, desde el inicio del cristianismo se reconoció a Jesucristo como hijo de Dios, pero cuando se dio la desviación doctrinal de Arrio sobre la naturaleza divina de Jesucristo, fue necesario hacer un artículo de fe, que determinara y zanjara esta situación, de manera que ya no habría dudas, sino que se determinara como una verdad. Esto ocurrió en el Concilio de Nicea I. Luego de reñidas y agotadoras discusiones los obispos proclamaron la naturaleza trinitaria de Dios. Constantino apoyó la decisión y la doctrina arriana fue tildada de herética y condenada.  El Emperador exigió simplemente el acatamiento de la fórmula y el Credo de Nicea dice textualmente:

Creemos en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador de todas las cosas visibles e invisibles; y en un solo Señor Jesucristo, el Hijo de Dios; unigénito nacido del Padre, es decir, de la sustancia del Padre; Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero; engendrado, no creado; de la misma naturaleza que el Padre; por quien todo fue hecho: tanto lo que hay en el cielo como en la tierra; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó y se encarnó, se hizo hombre, padeció y resucitó al tercer día, (y) subió a los cielos, vendrá a juzgar a vivos y muertos; y en el Espíritu Santo. Y a los que dicen: hubo un tiempo en que no existió y: antes de ser engendrado no existió y: fue hecho de la nada o de otra hipóstasis o naturaleza, pretendiendo que el Hijo de Dios es creado y sujeto de cambio y alteración, a éstos los anatematiza la Iglesia católica.

Es la confesión de fe de Nicea, una declaración dogmática y unificadora de los contenidos de la fe cristiana. Tiene razón Goethe al afirmar que «el dogma de la divinidad de Cristo decretado por el concilio de Ni­cea [...] fue muy útil, incluso una necesidad, para el despotismo»

En ese mismo Concilio, la nueva Iglesia Católica sienta las bases de su doctrina a través de la selección de cuatro evangelios, que formarán parte del canon que hasta entonces era inexistente. Se descalificaron decenas de evangelios que, desde el origen del cristianismo y hasta entonces, habían sido aceptados y adoptados por las distintas comunidades cristianas, quienes tenían el derecho de poder decidir por sí mismas que textos aceptar y cómo interpretar los evangelios.

Otro resultado clave del Concilio de Nicea fue el hecho de que, a través de su participación, Constantino sentó las bases del “cesaropapismo”. El fue quien convocó el concilio, y no el papa. Desde entonces, existiendo este precedente, los césares se atribuirían el derecho de convocar concilios para resolver diferendos en el seno de la Iglesia, lo que equivalía en otros términos a subordinar al estado los asuntos internos de aquélla. A partir de allí los emperadores, y no los papas, fueron los que tomaron las decisiones acerca de la Iglesia. Durante todo el siglo IV, los obispos de Roma no desempeñaron ningún papel decisivo en los sínodos ni fueron autoridades determinantes. Desde Constantino imperó el «poder sinodal imperial». El historiador de la Iglesia Sócrates escribe desapasio­nadamente, a mediados del siglo V: «Desde que los emperadores comen­zaron a ser cristianos, las cuestiones de la Iglesia dependen de ellos y los concilios más importantes se celebraban, y se celebran, a su arbitrio». Myron Wojtowytsch comenta de manera escueta en 1981: «Esa afirma­ción no era en modo alguno exagerada». El historiador de los papas aña­de: «Incluso el contenido de las decisiones respondía, en la mayoría de los casos, a los deseos del gobernante de tumo». Y: «Por parte de la Igle­sia, la participación del poder mundano en las cuestiones del sínodo se consideró en general como plenamente justificada» La intromisión del poder político a través de la figura del emperador, daría un trámite más expeditivo a las decisiones sobre cuestiones de dogma, pero al mismo tiempo el estado romano se vería envuelto en las disputas teológicas que, esporádicamente, arreciarían a todo lo largo y ancho de su territorio. Naturalmente, tanto el poder político como el religioso cosecharon beneficios del nuevo sistema de relaciones planteado entre ellos: el emperador encontraría en la religión cristiana la vía ideal para unificar el Imperio y aumentar, al mismo tiempo, su poder absoluto. Como contrapartida, la Iglesia obtendría ingentes medios materiales y, también importante, el apoyo del estado contra todas las herejías y disidencias que no tardarían en aparecer. Recién a partir de 1122 (Concilio de Letrán citado por el papa Calixto II) los concilios fueron citados por los papas.



El Credo de Nicea fue modificado y ampliado en el Concilio de Constantinopla (381), organizado por el emperador Teodosio, y esa versión es la que se conoce como "símbolo niceno-constantinopolitano" (presentado al comienzo de este texto). En él se acordó colocar al Espíritu Santo en el mismo nivel de Dios y de Cristo y empezó a perfilarse la doctrina trinitaria. En ese Credo se establece claramente lo que debe creer cualquier bautizado. Resume los principios básicos de la fe cristiana de una manera relativamente sencilla, con la intención de proporcionar un recurso para memorizarlos y proclamarlos a los fieles. Implícitamente condena los errores más difundidos, como medio para identificar las posibles disidencias. Modificaciones posteriores del credo buscarían dar mayor precisión a la definición de las herejías contemporáneas. El credo niceno-constantinopolitano es aceptado por las Iglesias católica, ortodoxas bizantinas, ortodoxas orientales, asiria del Oriente, antigua del Oriente, anglicana y la mayoría de las protestantes.

Otras definiciones "verdades reveladas" fueron establecidas en concilios posteriores o en bulas papales. En 1854, la bula "Inefabilis Deus" de Pío IX estableció la inmaculada concepción de María. Su texto no tiene desperdicio y dice:

[...] Para honra de la Santísima Trinidad, para la alegría de la Iglesia católica, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, con la de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra: Definimos, afirmamos y pronunciamos que la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original desde el primer instante de su concepción, por singular privilegio y gracia de Dios Omnipotente, en atención a los méritos de Cristo-Jesús, Salvador del género humano, ha sido revelada por Dios y por tanto debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles. Por lo cual, si alguno tuviere la temeridad, lo cual Dios no permita, de dudar en su corazón lo que por Nos ha sido definido, sepa y entienda que su propio juicio lo condena, que su fe ha naufragado y que ha caído de la unidad de la Iglesia y que si además osaren manifestar de palabra o por escrito o de otra cualquiera manera externa lo que sintieren en su corazón, por lo mismo quedan sujetos a las penas establecidas por el derecho.

 O sea: Dios preservó a María, desde el momento de su concepción, de toda mancha del pecado original, que había de transmitirse a todos los hombres desde Adán y Eva, en atención a que iba a ser la madre de Jesús (no confundir con el dogma del nacimiento virginal de Jesús). ¡¡Y pobre del que no crea que esto es una verdad revelada por Dios!! El historiador y catedrático francés Louis Baunard dice: "Pío IX, contemplando el mar agitado de Gaeta, escuchó y meditó las palabras del cardenal italiano Luigi Lambruschini(1776-1854): 'Beatísimo Padre, Usted no podrá curar el mundo sino con la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción. Sólo esta definición dogmática podrá restablecer el sentido de las verdades cristianas y retraer las inteligencias de las sendas del naturalismo en las que se pierden". Y para que no quedasen dudas sobre ese dogma, como por casualidad en el Concilio Vaticano I (el primero celebrado en la Ciudad del Vaticano, convocado por el propio Pío IX en 1869 para enfrentar al racionalismo y al galicanismo) ¡se aprobó como dogma de fe la doctrina de la primacía e infalibilidad del papa! 

El último "dogma" definido por un papa fue el de la asunción a los cielos de Nuestra Señora. Lo hizo Pío XII en 1950, por "revelación divina" y dice así:

Por eso, después que una y otra vez hemos elevado a Dios nuestras preces suplicantes e invocado la luz del Espíritu de Verdad, para gloria de Dios omnipotente que otorgó su particular benevolencia a la Virgen María, para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte, para aumento de la gloria de la misma augusta Madre, y gozo y regocijo de toda la Iglesia, por la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y nuestra, proclamamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado: Que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial. 

Constitución apostólica Munificentissimus Deus, 1 de noviembre de 1950

Como corolario leamos al historiador español Pepe Rodríguez (Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica, Ed B, S.A., 2011):

"En el Concilio de Nicea una caterva de obispos cobardes y vendidos a la voluntad arbitraria del emperador Constantino dejaron que este definiera e impusiera algunos de los dogmas más fundamentales de la Iglesia católica como el de la consustancialidad entre Padre e Hijo... Constantino diseñó a su antojo lo que los católicos deberían creer por siempre acerca de la persona de Jesús... El Credo no procede de la inspiración del Espíritu Santo sino de la coacción que ejerció el brutal emperador romano... El Emperador utilizó la Iglesia católica a su antojo, tanto para forzar la unificación de su imperio bajo una sola religión, como para uso y disfrute de su megalomanía personal"


En resumen

La Iglesia Católica Apostólica Romana y sus principales dogmas fueron creados, no por Jesucristo (existió?), sino a partir del edicto de Milán y el Concilio de Nicea, bajo las órdenes del Emperador Romano Constantino I el Grande. Los dogmas cristianos no son entonces "verdades reveladas" sino conceptos y preceptos impuestos por los hombres a lo largo de los siglos, para sus propios intereses políticos, sociales, económicos y religiosos.


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(*) Nota Final:

El autor de esta publicación es "Alberto Cirio", fiel seguidor y colaborador de este Blog; quien amablemente me solicitó el compartir este artículo con el resto de los lectores; y al no estar en contra de la filosofía del Blog, es un honor para mí el poder publicarlo. El mismo "Alberto" se encargará de responder las dudas de los lectores a través de los comentarios.


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“No me siento obligado a creer que un Dios que nos ha dotado de inteligencia, sentido común y raciocinio, tuviera como objetivo privarnos de su uso”

Galileo





viernes, 10 de agosto de 2018

Diez importantes ventajas para tu vida de ser Ateo (Opinión y Actualidad)




Diez importantes ventajas para tu vida de ser ateo


3 Agosto 2018 - 
Actualizado 6 Agosto 2018, 11:17

Si bien es difícil determinar quién es ateo y quién no (muchos agnósticos en realidad son ateos sin saberlo y muchos ateos lo son por odio a la religión u otros motivos relacionados), aproximadamente un 13% de la población mundial se declara como tal. Y ser ateo tiene sus ventajas (si pasamos un poco por alto lo de "correlación no implica causalidad").

1-
Los ateos tienden a tener un cociente intelectual más alto. Un metaanálisis de 63 estudios refrendan esta idea. Las personas inteligentes también tienden a pasar más tiempo estudiando, lo que a su vez conduce a un mayor éxito profesional. En general, también tendrán trabajos mejor remunerados.

2-
A los ateos no se les dice que son culpables y pecadores, como es el caso con muchas enseñanzas religiosas. Esto conduce a una mayor autoestima y una sensación de control sobre los eventos de la vida.

3-
El porcentaje de ateos en la población carcelaria es menor que la de creyentes, así que hemos de concluir que los ateos tienen un comportamiento moral/legal más recto (o mejores habilidades para eludir a la policía y a la justicia). En realidad, basar la moral en la religión es una mala estrategia.

4-
Los ateos tienden a valorar más los descubrimientos científicos y es menos probable que se interpongan en el camino del progreso científico, como ha sucedido a menudo por motivos religiosos. Una sociedad atea es más racional y orientada a la ciencia.

5-
Los ateos creen en la ciencia y no se opondrían a los tratamientos médicos por motivos religiosos. De hecho, cuanto mayor y más extraordinario es el currículo de un científico, más probable es que sea ateo.



6-
Si bien se han realizado estudios que muestran los beneficios para la salud física y mental de ser un creyente, también se han publicado estudios recientes que no mostraron diferencias significativas en la salud mental de las personas religiosas y no religiosas.

7-
Los ateos no inician guerras ni cometen actos de terrorismo por motivos religiosos, solo para demostrar que su deidad es la correcta. Los ateos tienden a no matar a otros por el bien del ateísmo.

8-
Los ateos no suelen ofenderse si alguien pronuncia el equivalente a una blasfemia, se cuestiona su falta de creencia o se escribe un artículo valorando las ventajas de ser creyente (de hecho, en los artículos de ese estilo no suelen haber comentarios de ateos furibundos). Ni mucho menos los ateos suelen solicitar que se censure un texto por ofender al ateísmo. Eso es un reflejo claro de que los ateos están más en paz consigo mismos y no necesitan rearfirmar continuamente su postura por mor de que alguien les descubra que están equivocados (cosa lógica teniendo en cuenta que la mayoría de creencias valoran a las personas que creen sin cuestionar la creencia). Lo irónico de todo ello es que realmente la religión debería ser combatida.

9-
Los ateos son generalmente escépticos y tienden a ver los problemas desde un punto de vista racional, a menudo científico, que exige pruebas. Para un ateo, los elementos de la realidad son observables y pueden ser probados.

10-
Se han realizado estudios que demuestran que los ateos tienen una vida sexual mejor que las personas religiosas simplemente por no sentirse culpables al respecto.




Fuente:
https://www.xatakaciencia.com/psicologia/diez-importantes-ventajas-para-tu-vida-ser-ateo

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"El ateísmo es el vicio de unas pocas personas inteligentes"

Voltaire